Un policía afirma en el Supremo que el ambiente del 1-O fue de «hostilidad» y no «de rumba catalana»

Un agente de la Policía Nacional que intervino en los disturbios del 1-O ha señalado en el Tribunal Supremo que el ambiente era «de hostilidad. No fue una rumba catalana, sino cánticos de odio». Y ha añadido en la mirada «veías que te querían matar. Eso sólo lo había visto en el País Vasco cuando nos mandaba el juez Marlaska a por terroristas».

Sigue adelante el juicio del procés en el Tribunal Supremo. Este lunes un agente de la Policía Nacional ha explicado en el Alto Tribunal que el proceso independentista de Cataluña iniciado en septiembre de 2017 y culminado en la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) en el Parlamento catalán “no fue una rumba catalana, fueron cánticos de odio”.

El agente, que formaba parte de la Unidad de Intervención Policial (antidisturbios) de la Policía Nacional ha relatado que lo que encontraron en los colegios de Barcelona durante la consulta ilegal fue “hostilidad”. A preguntas del fiscal Javier Zaragoza, el agente no ha ahorrado en detalles para explicar lo que vivió ese día, hasta el punto de que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, le ha tenido que llamar la atención en varias ocasiones para pedirle que concretara sus respuestas, pues narraba detalles que no le habían pedido en las preguntas.

Este antidisturbios intervino en la Escola l’Estel, donde se llegaron a concentrar entre “500 y 700 personas”, la mayoría de ellas “hostiles” que se sentaron en el suelo para tratar de impedir la actuación policial, por lo que tuvieron que levantar a la gente “una a una”, lo que le dejó “completamente extenuado”.

Entre las “patadas y golpes” que recibieron, el testigo pudo oír gran cantidad de insultos que ha relatado con abundantes detalles al tribunal: “Nos dijeron de todo; mi madre se tuvo que duchar 200 veces ese día“; “una mujer con la nariz tapada iba diciendo ‘qué mal huelen los policías nacionales, menos mal que con la república no vais a tener que venir más aquí’“; “a una mujer que pesaba 40 kilos no la podíamos sacar entre un compañero y yo; era una tigresa”.

En la mirada veías que te querían matar. Eso sólo lo había visto en el País Vasco cuando nos mandaba el juez Marlaska a por terroristas“, ha apuntado en alusión a los años en que el actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, era juez de instrucción en la Audiencia Nacional. Este ha sido uno de los momentos en que Marchena ha interrumpido al tribunal para pedirle más concreción, pero el testigo ha hecho caso omiso y en la siguiente pregunta de Zaragoza ha afirmado que los estibadores del puerto donde se encontraba atracado el conocido como barco de ‘Piolín’, donde él estuvo alojado, también les insultaban cuando les veían de camino a la lavandería: “Nos decían que nos íbamos a morir de hambre porque no iban a dejar que nos llegara comida“.

Sobre este punto ha insistido después el abogado Jordi Pina, defensor de Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, pero el testigo seguía sin responder a la pregunta concreta de si sus superiores les habían apercibido porque los estibadores se habían quejado del trato de los policías nacionales. El letrado ha tenido que interrogar varias veces para que el testigo entendiera la pregunta específica, pero sólo ha indicado que en esas situaciones en el puerto no podían “hacer nada” y que se limitaban a “agachar la cabeza y seguir andando”.

Otro miembro de las UIP, esta vez un oficial, ha relatado cómo le hirieron el “orgullo” por los insultos recibidos en la intervención en la que participó el 1-O, lo cual le molestó “más que los golpes”. “‘Policía asesina’ era el cántico más popular. Es lo que más duele, más que las heridas”, ha afirmado.

Ninguno de los policías de los que ha declarado esta tarde vio colaboración por parte de los agentes de los Mossos d’Esquadra que había en las inmediaciones de los colegios. Incluso, el agente ha explicado que cuando llegaron los policías nacionales se percataron de que dos mossos “se escondieron detrás de unos setos”. “No vinieron ni a decirnos si queríamos agua”, ha contado.

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